
“Nunca cambies, te quiero tal y como eres”; un poema, escrito en Bic azul, y en el que estas palabras aparecen subrayadas abre el libro que me has prestado estos días; letras cuidadas, con formas femeninas y olor a sentimiento de cuya existencia, probablemente, te has olvidado. Un recuerdo difuso en la memoria de tus años, como tantos otros, como tantas otras; mujeres que han regalado parte de sí mismas en forma de objetos con la esperanza de perdurar en un corazón destinado a una soledad autoimpuesta y deseada.
Temo convertirme en una de ellas, una de tantas, una más, igual a todo en ellas, también en eso, y procurar llenar de mí tu casa ante la imposibilidad de alojarme en un huequecito de tu ventrículo izquierdo. Quizá por eso nunca te hago regalos.
Temo convertirme en una de ellas, una de tantas, una más, igual a todo en ellas, también en eso, y procurar llenar de mí tu casa ante la imposibilidad de alojarme en un huequecito de tu ventrículo izquierdo. Quizá por eso nunca te hago regalos.


